• La espuma de los jueves / escritura creativa

CÓMO ACABAR CON LA ESCRITURA DE LAS MUJERES


Este libro es un ensayo sobre la manera en que la historia y quienes la dictan y la escriben, han obviado de manera sistemática la literatura hecha por mujeres.

Lo que me cuesta entender es que no haya sido traducida a nuestro idioma hasta 2018 un libro que su autora, Joanna Russ (ya fallecida), escribió ¡en 1983!

Además, veo con alegría que en su edición está la Editorial Barrett, una editorial sevillana formada por dos tipos estupendos y entusiastas, Manolo y Zacarías, a los que tuve la suerte de conocer en un encuentro llamado "Gente que escribe" que el curso pasado se realizó en la biblioteca de Olivares. Por si fuera poco atractivo, prologa Jessa Crispin, autora de un irónico y reivindicativo libro titulado "Por qué no soy feminista". Todo queda en casa. Joanna Russ se lo ha "currao" porque, si bien se centra en la literatura escrita por mujeres inglesas (algo que ella misma advierte al inicio), esta "parte" nos acercará al "todo", y supone un buenísimo y completo trabajo de documentación que sostiene las diversas teorías de la autora. Os hago un somero resumen con la intención de despertar vuestras ansias de saber. 250 páginas cargadas de razones. —La prohibición de escribir. Ya no nos es desconocido que, a las pocas mujeres a las que se les enseñó a leer y a escribir antes del siglo XIX, se les prohibía ir más allá con estas habilidades. Un impedimento que, por fortuna, muchas mujeres —más de las que se cree— no tuvieron en cuenta ¡y escribieron! —La mala fe. El concepto de "mala fe" fue acuñado por el filósofo francés Jean Paul Sartre y Joanna Russ nos lo acerca como otra de las trabas puestas en el camino de las mujeres escritoras. La mala fe es aquello que una parte de la sociedad, aun sabiendo que determinadas creencias son inciertas y que ninguna base científica las sustenta, sigue aceptando como afirmaciones verdaderas ya sea por comodidad, por rutina o porque aceptarlas reporta algún tipo de beneficio o privilegio a quienes las mantienen. Eso es actuar de mala fe. Y hay mucha mala fe en la negación de que las mujeres puedan escribir y, además, hacerlo bien. —La negación de la autoría. ¿Qué hacer cuando una mujer ha escrito algo? Negar que lo ha escrito ella. Le dirán: ¡Imposible! ¡Algún hombre lo habrá hecho o la habrá ayudado a hacerlo! ¿Ejemplos? para aburrir... Margaret Cavendish, Elisabeth Vigeé-Lebrun y Margareta Havermann igual no nos suenan, pero ¿y si hablamos de que esto les sucedió a Charlotte Brónte con su "Jane Eyre", a su hermana Emily con "Cumbres Borrascosas" y a Mary Shelley con su "Frankenstein"? —La contaminación de esa autoria. Así que vale, admitamos pese a todo que lo escribió ella, pero ¿debería haberlo hecho? porque ha hecho el ridículo, es denigrante para una mujer hablar de ciertos temas, una vergüenza para su marido, sus hijos o su familia y bla bla bla... En el libro tenéis buenos y vergonzantes ejemplos de estos tipos de contaminaciones cuando la autora es una mujer. —La aplicación de un doble rasero para el contenido. Lo que en ELLOS es arte porque hablan de las grandes cuestiones universales, en ellas es simple conocimiento de lo doméstico. Que sí, que bueno, que puede que esté bien escrito pero no son más que "cosillas" de mujeres, de esas de andar por casa. —La falsa categorización. Se trata de incluir grandes obras escritas por mujeres dentro de categorías "inferiores" que las apartan del canon general y les impide llegar al gran público. Un caso que nombra este libro —y que yo tengo en casa y he leído— es "El despertar" de Kate Chopin (a Kate la hemos leído también en los talleres). Pues retomando la historia, a Chopin la denominaron escritora "regionalista" (o lo que es lo mismo, le pusieron la etiqueta de poco importante) y eso impidió que esta fabulosa historia se mencionara junto a las archiconocidas "Madame Bovary" de Flaubert o "Ana Karenina" de Tolstoi, junto a las que debería estar por su temática sobre ser una mujer del siglo XIX que cuestiona el matrimonio y busca su propia felicidad fuera de los convencionalismos femeninos. (Spoiler: no muere) —El aislamiento. Hagamos recuento de las trabas que ya llevamos acerca de la escritura de mujeres. Las mujeres no podían escribir pero bueno, algunas mujeres escribieron así que, neguemos que lo hicieron bien. Sin embargo, pese a la mala fe, algunas obras fueron rematadamente buenas, está bien, digamos que no las escribieron ellas sino el marido, el hermano... cualquier hombre que pasara por allí antes que ellas. Si tras todo esto admitimos que sí, que lo escribió una mujer y que es un buen libro, pese a que trate de cuestiones amorosas o domésticas, incluyámoslo en una subcategoría que impida su lectura. Si tras todo esto, el maldito libro ha llegado más lejos de lo que jamás podríamos haber soñado (más que nada porque a estas alturas ya debería entrar en la categoría de MILAGRO), digamos que bueno, sí, vale... pero esta mujer solo escribió un buen libro y solo uno ya que el resto de su producción no tiene calidad suficiente. Aislemos este éxito. Un ejemplo de este aislamiento es que de Charlotte Brönte solo conocemos y, hasta hace muy poquito, solo podíamos comprar o encontrar en una biblioteca su "Jane Eyre". Pero Charlotte escribió otras novelas igualmente buenas, si no más: "Villette" o "Shirley" son otros de sus títulos ¿los conocíais? ¿Y conocemos los maravillosos poemas de su hermana Emily? —La anomalía. ¿No es anormal conseguir atravesar el duro desierto de zancadillas ya vistas? Así que, siguiendo con la mala fe, las mujeres que lo consiguen son anómalas cuando no, anormales. Y por último, señala Joanna Russ, la falta de modelos a seguir que todas estas injusticias han conseguido. Una pérdida para las mujeres que queremos escribir (también, claro está, para los hombres) que no hemos tenido referentes en los que reflejarnos y con los que sentirnos acompañadas. Un libro muy necesario ¡Sí, señoras! Y señores.

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