• La espuma de los jueves / escritura creativa

CASAS VACÍAS


La maternidad es quizá la última gran frontera que la literatura empieza a franquear. Madres, madrecitas y madrazas han poblado las historias desde el comienzo del «invento» —me refiero a la literatura, no vayamos a liarnos— pero a la manera de los mitos; únicos, lineales, estereotipados y, claro está, vacíos de dimensión ni contradicciones. Huecos de algún sentimiento que vaya más allá del amor, la entrega desinteresada y la abnegación.

La maternidad es, con diferencia, la experiencia más desgarradora que yo como ser humano he vivido. No puedo ser desde luego la única que camina por el borde del precipicio capeando, no ya el destino propio, si tal cosa fuera posible, sino lidiando con un destino ajeno que, pese a todo, es tan tuyo y tan para siempre que duele, cansa, agobia.


Una madre pierde (¿pierde?) a su hijo de tres años en el parque mientras mira al móvil. Una no-madre se lo lleva. Este es el argumento y aunque apenas ocupe dos líneas, cuesta leerlo.

La culpa aplastante de una y el deseo malencarado de la otra irán dándose la palabra durante las pocas páginas que ocupa el relato. Más se hubieran hecho bola, intragables, indigeribles. Y, pese a todo, cuesta una eternidad acabarlo ¿Qué es en realidad ser madre? ¿Qué hay de oscuro, sucio e inenarrable detrás del «sueño de toda mujer»? Por oposición, es sencillo de adivinar; la pesadilla.


Luego están esos padres y no-padres que acompañan, sin acompañar, a estas dos mujeres que se desangran ante sus ojos como si nada. Indolentes que pueblan el mundo de hijos de los que no se responsabilizan porque la responsabilidad, ese ladrillo que lanzan pero nunca esperan recoger, suele caer sobre una de las partes haciéndola añicos.

Y desde ahí, desde ese minuto de angustia que quienes somos madres hemos visualizado alguna vez, desde el ángulo exacto del horror más atábico e inenarrable, da comienzo esta historia hecha de jirones de piel y vísceras, de preguntas sin respuesta.


Porque la maternidad no es el cuento que nos han contado, recomiendo leer «Casas vacías», porque vas a leer frases que nunca has leído (no en boca de una madre), porque un parto solo es el principio del dolor y aviso (no destripo nada) se trata de una lectura despojada de belleza y misticismo en todas sus aristas, porque la maternidad, en todas sus aristas, está en realidad despojada de casi todo, digan lo que digan y cuenten lo que te cuenten. No hay nada tan solitario y fácil de dañar como una madre.

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