• La espuma de los jueves / escritura creativa

EL LORO DE FLAUBERT

Actualizado: 9 dic 2021




Geoffrey Braithwaite es un médico inglés jubilado que tras quedar viudo decide viajar a Normandía, la Francia de su escritor favorito, el universal Gustave Flaubert.

Pretende conocer de cerca, aunque con más de un siglo de diferencia, al hijo de Madame Flaubert, amigo de Du Camp, Louis Bouilhet y George Sand, amante de Louise Colet, autor de la famosísima (y célebre por mil motivos) Madame Bovary, al viajante y ermitaño, al burgués que odiaba a los burgueses y al seductor que nunca quiso casarse.

Sin embargo, este no es un viaje cualquiera, es una incursión metaliteraria hacia los motivos y mecanismos que el de Rouen usó o, quizá, (y ahí está el encanto) pudo usar para escribir. ¿Quién conoce a ciencia cierta la realidad?

Todo dará comienzo cuando Braithwaite encuentra un loro disecado en el despacho que el escritor tenía en el Hôtel-Dieu en Rouen, su pueblo natal, y otro loro casi igual en su casa de veraneo, en Croisset. En ambos lugares, convertidos hoy en museos, le aseguran a Geoffrey que se trata del loro auténtico en el que Flaubert se inspiró para el relato titulado: "Un corazón sencillo".

Ese loro duplicado dará así el pistoletazo de salida al dilema de la autenticidad. La verdad, la verdad ¿Tanto importa? ¿Cómo es que las reliquias nos ponen tan cachondos? —se pregunta Geoffrey— ¿No tenemos la fe suficiente en las palabras? ¿Creemos que los restos de una vida contienen cierta verdad auxiliar?


Lo creamos o no, indagaremos en los restos de una vida, la del escritor que, irónicamente, no tuvo jamás intención de dejarle a la posteridad restos íntimos de ningún tipo. Para Flaubert, el escritor no debe aparecer en los libros, como Dios, que está pero no se le ve, claro. ¿Pero podemos decir acaso que él lo cumplió?

Y así, a través de diferentes cronologías, bestiarios particularísimos, deliciosas coincidencias, debates sobre el verdadero color de los ojos de Emma Bovary, repaso a las novelas apócrifas, no-escritas, escaladas a las pirámides de Egipto, viajes en barco por el Canal de la Mancha, la versión de la historia de Colet, la historia del propio Braithwaite e incluso, realizando casi al final un divertido examen, "El loro de Flaubert" se me acabó como la arena se escapa entre los dedos. Con cierto placer y cierta melancolía.

Suerte que los libros, los buenos libros, se pueden leer más veces, como podemos llenarnos las manos con más puñados de arena.

Y tenemos a Madame Bovary, La educación sentimental y Un corazón sencillo.

Sí, suerte que tenemos.



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