• La espuma de los jueves / escritura creativa

DE POE A CHÈJOV

Actualizado: 11 ene


Imaginemos que Edgar Allan Poe y Anton Chèjov fueran hoy en día monitores de talleres de escritura y, ya que estamos, que imparten sus talleres en Sevilla.

Al ser Poe el de mayor edad, inventemos que primero nos apuntamos a sus clases guiados por su merecida fama y por aquello de que la experiencia es un grado.


Don Edgar es un hombre enjuto que a menudo llega tarde a las sesiones y otras veces ni llega. Nunca explica el porqué de su absentismo laboral pero es la comidilla en el grupo su afición a la bebida y a otras "cosillas" que, al parecer, tiene. Que Sevilla es muy pequeña y aquí todo se sabe. Por si fuera poco, suele ser un tipo seco y complicado en el trato personal aunque, todo hay que decirlo, cuando entra en materia sus ojos centellean de pasión y fiebre al explicar qué es un cuento y cómo se debería escribir uno. Como al fin y al cabo no estamos en el taller para hacernos amigos del profesor y sí para aprender de él todo lo que podamos (que las clases no son precisamente baratas), aguantamos con estoicismo sus continuos cambios de humor y esa manía de no encender los fluorescentes del techo porque prefiere la penumbra. Acabaremos por admitir que nos gustan muchísimo las historias de terror que publica, pese a que a él preferiría dedicarse a la poesía y que es la necesidad de comer (y beber), lo que le ha traído a este lugar que no es más que un trabajo alimenticio del que sacar un dinero. No mucho, pues monitorizar talleres no te hará rico y vete tú a saber en qué se lo gasta en realidad, pero no juzguemos la vida de nadie y aprovechemos esta tesitura que el destino nos brinda para absorber todo lo que él nos cuente y poner en práctica sus indicaciones.


Para don Edgar (que así es como le gusta que lo llamen y no consiente que le apeen el tratamiento), el cuento ha de ser ante todo una narración breve ya que debe poder leerse de una vez porque si no pierde su fuerza e intensidad. Así que nada de textos largos que no se lean de una sentada o esa semana nos lanzará una mirada de desprecio (le sale que ni pintada) y nos sentiremos unos sinsustancia en la inmensidad de las cuatro paredes del aula. Como además tiene la costumbre de enviar al WhatsApp del grupo sus indicaciones con notas de audio (a horas intempestivas y con un tono de voz que podríamos definir con el tibio adjetivo de "raro"), él mismo lo explica con esa manera tan peculiar que tiene de hablar:


Si una obra literaria resulta demasiado larga para ser leída de un tirón, debemos renunciar al efecto, sobre manera importante, derivado de la unidad de impresión, pues, cuando son necesarias dos sesiones, se interfieren las ocupaciones ordinarias y queda destruido de golpe el efecto de conjunto.

Otra fijación de don Edgar es la manera en que se debería planifica la escritura de un relato. Para él es primordial conocer el final del cuento antes siquiera de sentarnos a escribir una palabra. Lo explica así:


Sólo con el desenlace siempre a vista es como podemos imprimir a un argumento aquel aire indispensable de secuencia e ilación, haciendo que los incidentes y en particular el tono general propendan por todos lados al desarrollo del plan (...) En el cuento propiamente dicho —donde no hay espacio para desarrollar caracteres o para una gran profusión y variedad incidental—, la mera construcción se requiere mucho más imperiosamente que en la novela. En esta última, una trama defectuosa puede escapar a la observación, cosa que jamás ocurrirá en un cuento. Empero, la mayoría de nuestros cuentistas desdeñan la distinción. Parecen empezar sus relatos sin saber cómo van a terminar; y, por lo general, sus finales —como otros tantos gobiernos de Trínculo—, parecen haber olvidado sus comienzos.

El escritor o la escritora debe saber a la perfección qué efecto busca provocar en los lectores y, desde ese tono, narrarlo. Él prefiere por ello las narraciones en primera persona con narradores homodiegéticos (los que pertenecen a la historia) y también nos pide que, tras saber el final y el tono, tengamos claro el tema. Siguiendo su esquema, los personajes y el escenario serían los últimos elementos a considerar.


Simpático no será pero saber, hay que reconocer que sabe un rato. Y con sus historias de terror, misterio y hasta de ciencia ficción, consigue provocarnos escalofríos, que encendamos todas las luces de la casa por la noche, que miremos hacia atrás antes de ir al baño y que nos tapemos la cabeza con el edredón antes de ir a dormir aunque estemos en julio.


Y aquí tenemos a Chèjov mirando a cámara para la foto. Es algo más joven que el gruñón de Poe y también más amable y familiar en el trato. Otro revolucionario de todas las teorías anteriores a él incluido el propio Edgar.

Es como si uno (no diré quién) fuera del Betis y el otro del equipo de Nervión. A mí, y es una opinión particularísima, Anton me gusta mucho, me parece un hombre atractivo y por esa manera que tiene de tomarse las cosas y los temas sobre los que escribe con una mezcla de sentido del humor, compasión y ternura... me tiene conquistada.

Y si Poe está loco por lo poesía, Chèjov lo está por el teatro.

Dice que no dedica más de un día a cada cuento, que no necesita más, pero esta afirmación en el taller genera ansiedad entre los asistentes e incredulidad. No somos un público fácil los participantes al taller. Además, para Anton la extensión puede ser muy variada y como en las sesiones admite relatos de 500 palabras pero también de 3500, las reuniones se eternizan y nos pueden dar las tantas a la hora de salir.


Chèjov no gusta de finales cerrados, quiere que el propio lector sea el que termine las historias. Se centra en temas que de tan cotidianos podrían resultar insulsos, sin una función aparente y es que sus personajes son seres normales, comunes, sin heroicidades, con sus miserias y hasta sus contradicciones. ¿Cómo consigue entonces sacar un relato magistral con estos mimbres? Puede que porque en ellos refleja la vida de manera parecida a como es. Sin trama y sin final.


Ahora os dejo con dos propuestas de sendos "talleres".

Para que disfrutéis con los diferentes métodos.

#PROPUESTA CHÈJOV

Cuenta la historia que a la muerte de Chéjov entre sus libretas y escritos se encontró la siguiente frase: “Un hombre en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida”. Aquí hay un cuento completo con su inicio, nudo y desenlace, lo que ocurre es que se rompe el sentido que tendría ese final (el suicidio) cuando se acaba de ganar tanto dinero. Para dotar de sentido esta historia entendemos que los motivos del suicidio deberían estar muy alejados del dinero. Y empezaremos a hacernos preguntas: ¿Por qué? ¿No lo necesitaba? ¿Lo necesitaba pero ya era tarde? ¿Tarde para qué...?


#PROPUESTA POE

Sin embargo, y para darle algo de complejidad a la propuesta, os pido que a partir de una historia de Chèjov, escribáis un cuento al estilo Poe. De esta manera el final ya lo tenéis, ahora hay que inventar los motivos que llevan al personaje hasta el abismo. Eso sí, dándole tensión, misterio y un escenario gótico lleno de sombras con la muerte al acecho. ¿Complicada la tarea? Recomiendo que antes de hacerla, leáis dos, tres, cuatro de los cuentos de Poe, los que queráis, si no tenéis libros de él en casa por internet los podéis encontrar todos sin mayor problema ni derechos de autor.


Tienes que amar la lectura para poder ser un buen escritor, porque escribir no empieza contigo. (Carlos Fuentes)
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