• La espuma de los jueves / escritura creativa

DE POE A CHÈJOV

Actualizado: feb 21


Imaginemos que Edgar Allan Poe y Anton Chèjov fueran hoy monitores de talleres de escritura y, ya que estamos, que imparten sus talleres en Sevilla. Al ser Poe el de mayor edad, inventemos que primero nos apuntamos a sus clases por aquello de que la experiencia es un grado.


Don Edgar es un hombre enjuto que a veces llega tarde a las sesiones y otras veces ni llega. Nunca explica el porqué de su absentismo laboral pero es la comidilla en el grupo la afición a la bebida y a otras "cosas" que, al parecer, tiene. Que Sevilla es muy chica y aquí todo se sabe. Por si fuera poco, suele ser un tipo seco y complicado en el trato personal aunque, todo hay que decirlo, cuando entra en materia sus ojos centellean de pasión y fiebre al explicar qué es un cuento y cómo se debe escribir uno. Como al fin y al cabo no estamos en el taller para hacernos amigos del profesor y sí para aprender de él todo lo que podamos ¡que las clases no son precisamente baratas!, aguantamos con estoicismo sus continuos cambios de humor y esa manía de no encender los fluorescentes del techo porque prefiere la penumbra. Acabaremos por admitir que nos gustan muchísimo las historias de terror que publica, pese a que a él preferiría dedicarse a escribir poesía y que es otro vicio, el de comer y beber, el que lo ha traído a este taller que no es más que un trabajo alimenticio del que sacar un dinero. No mucho, que esto de monitorizar talleres no es nada del otro jueves y vete tú a saber en qué se lo gasta en realidad, pero no juzguemos la vida de nadie y aprovechemos esta tesitura que el destino nos brinda para absorber todo lo que nos cuente y poner en práctica sus indicaciones.


Para don Edgar (que así es como le gusta que lo llamen y no consiente que le apeen el tratamiento) el cuento ha de ser ante todo una narración breve. Tiene que poder leerse de una vez porque si no pierde fuerza e intensidad. Así que nada de textos largos que no se lean de una sentada o esa semana nos lanzará una mirada de desprecio (le sale que ni pintada) y nos sentiremos unos sinsustancia en la inmensidad de las cuatro paredes del aula. Como además tiene la costumbre de enviar al whatsapp del grupo sus indicaciones por notas de audio (a horas intempestivas y con un tono de voz que voy a definir con el tibio adjetivo de "raro"), él mismo lo explica con esa manera tan peculiar que tiene de hablar:


“Si una obra literaria resulta demasiado larga para ser leída de un tirón, debemos renunciar al efecto, sobre manera importante, derivado de la unidad de impresión, pues, cuando son necesarias dos sesiones, se interfieren las ocupaciones ordinarias y queda destruido de golpe el efecto de conjunto”.


Otra fijación de don Edgar es la manera en que se planifica la escritura. Para él es primordial conocer el final de nuestro cuento antes siquiera de sentarnos a escribir una sola palabra. Lo explica así: "Sólo con el desenlace siempre a vista es como podemos imprimir a un argumento aquel aire indispensable de secuencia e ilación, haciendo que los incidentes y en particular el tono general propendan por todos lados al desarrollo del plan (...) En el cuento propiamente dicho —donde no hay espacio para desarrollar caracteres o para una gran profusión y variedad incidental—, la mera construcción se requiere mucho más imperiosamente que en la novela. En esta última, una trama defectuosa puede escapar a la observación, cosa que jamás ocurrirá en un cuento. Empero, la mayoría de nuestros cuentistas desdeñan la distinción. Parecen empezar sus relatos sin saber cómo van a terminar; y, por lo general, sus finales —como otros tantos gobiernos de Trínculo—, parecen haber olvidado sus comienzos”.

Para Poe, el escritor o la escritora debe saber a la perfección qué efecto busca provocar en los lectores y desde ese tono, narrarlo. Él prefiere por ello las narraciones en primera persona con narradores homodiegéticos (pertenecientes a la historia) y también nos pide que, tras saber el final y el tono, tengamos claro el tema. Los personajes y el escenario serían los últimos elementos a considerar.


Simpático no será pero saber de cuentos, hay que reconocer que sabe un rato. Y con sus historias de terror, misterio y hasta de ciencia ficción, consigue provocarnos escalofríos, encender las luces de toda la casa de noche, mirar atrás antes de ir al baño y taparnos la cabeza con el edredón antes de dormir aunque estemos en junio.


Y aquí tenemos a Chèjov mirando a cámara para la foto. Es algo más joven que el gruñón de Poe y también más amable y familiar en el trato. Otro revolucionario de todas las teorías anteriores a él (incluído Edgar, claro está). Es como si uno (no digo quién) fuera del Betis y el otro del equipo de Nervión. A mí, y es una opinión particularísima, Anton me gusta mucho, me parece un hombre atractivo y esa manera que tiene de tomarse las cosas y los temas sobre los que escribe con una mezcla de sentido del humor, compasión y ternura... (Enamorarse de un profesor es un buen argumento para algún relato. Me lo apunto en la libreta de las ideas). Si Poe está loco por lo poesía, Chèjov lo está por el teatro.


Dice, vete tú a saber si es así, que no dedica más de un día a cada cuento, que no necesita más. Esta afirmación en el taller genera ansiedad (a los que no le siguen el ritmo pero queremos) e incredulidad (en quienes ni le siguen el ritmo ni tienen intención de hacerlo). Para Anton la extensión puede variar, así que en las sesiones admite relatos de 500 palabras pero también de 3500, aunque las reuniones se eternicen y den las tantas de la noche para salir.


Chèjov no gusta de finales cerrados, quiere que el lector termine sus historias, al fin y al cabo, en ellas cuenta cosas que de tan cotidianas podrían resultar insulsas, sin una función aparente. sus personajes son seres normales, comunes, sin heroicidades, con sus miserias y sus contradicciones. ¿Cómo consigue entonces sacar un relato con estos mimbres? Puede que porque en ellos refleja la vida de manera parecida a como es. Sin trama y sin final.

#PROPUESTA CHÈJOV

Cuenta la historia que a la muerte de Chéjov entre sus libretas y escritos se encontró la siguiente frase: “Un hombre en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida”. Aquí hay un cuento completo: inicio, nudo y desenlace, lo que ocurre es que se rompe el sentido que tendría suicidarse cuando se acaba de ganar tanto dinero. Así que, para dotar de sentido esta historia, entendemos que los motivos del suicidio deberían estar muy alejados del dinero. Y empezaremos a hacer preguntas: ¿Por qué? ¿No lo necesitaba? ¿Lo necesitaba pero ya era tarde? ¿Tarde para qué...?


#PROPUESTA POE:

Sin embargo, y para darle algo de complejidad a la propuesta, os pido que a partir de una historia de Chèjov, escribáis un cuento al estilo Poe. El final ya lo tenéis, ahora hay que inventar los motivos que llevan al personaje hasta el abismo. Eso sí, dándole tensión y misterio, en un escenario gótico lleno de sombras y con la muerte al acecho. ¿Complicada la tarea? Recomiendo que antes de hacerla, leáis dos, tres, cuatro de los cuentos de Poe, los que queráis, si no tenéis libros de él en casa por internet los podéis encontrar todos sin mayor problema ni derechos de autor.


Tienes que amar la lectura para poder ser un buen escritor, porque escribir no empieza contigo.

Carlos Fuentes


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