• La espuma de los jueves / escritura creativa

Dreamsex

Actualizado: 9 dic 2021


En los anuncios se puede leer:

Realidad paralela. Vive más y mejor tu fantasía.

Y, entre paréntesis, como un subtítulo:

(Porque te lo mereces)


Dreamlive no es más que una de tantas empresas dedicadas a lo mismo, proporcionar una experiencia virtual tipo B —paralela, desdoblada o extendida—, alejada de la vida real, la denominada tipo A, titular o primaria del usuario/usuaria del servicio.


Cuando el Gobierno reguló la actividad Dreamlive no había día, ni tampoco noche, en que las tertulias no se llenaran de defensores y detractores de la propuesta que se habrían dejado restar diez años de vida con tal de llevar la razón y que la audiencia, que es la que vota a través de la aplicación WhatYouWant (WYW), presionara a la clase política a legislar en minutos sobre lo decidido por la mayoría de abonados a través del cualquier dispositivo móvil. Hace ya medio siglo que el sistema funciona así.


Las decisiones tomadas por la WYW son vinculantes y permiten que la ciudadanía participe de manera activa en las instituciones cuando el voto presencial y en papel resultó ser insuficiente ante los numerosos e incómodos comicios propiciados por tal o cual administración. De hecho, casi todo está digitalizado debido al alto volumen de CDC; Cooperación Digital Ciudadana, por lo que hay jornadas en las que antes de salir de casa a prodoconsumir, miles de millones de hombres y mujeres del planeta ya han enviado una opinión a tres comités diferentes para otros tres asuntos de vital importancia, o no. Qué más da. La democracia ya no necesita de un cerebro, ni de corazón o intestinos asociados, con un pulgar cualquier cosa que se desee exponer o comprar está al alcance de la mano. Cualquier mano.


Las empresas de experiencias B llevan a diario su catálogo a los medios, en los que los exponen como algo muy distinto a lo que termina siendo. Los debates han llegado a ser especialmente beligerantes durante este mes en el que he estado asignada en casa de Sergio donde pasamos el día rodeados de pantallas. Él trataba de escribir un libro y solicitó a la WYW la tercera opción del desplegable de deseos: Vida en pareja heterosexual. Se sentía solo tras el divorcio y yo acepté.


Puedo aceptar mis destinos por convenio. Antes no era así. Te activaban y aparecías donde fuera que te reclamaran. Tu opinión no contaba. En la actualidad, el artículo 3892 lo deja claro: «Los y las actuantes (nos llaman así) dispondrán de 15 segundos para aceptar la solicitud activada desde el dispositivo del usuario/usuaria. Transcurrido ese periodo sin aceptación expresa de la aplicación, la propuesta del usuario/usuaria quedará desactivada y no surtirá efectos en A».


Esta adenda a la ley original surgió cuando se detectaron «ciertas trazas de voluntad autónoma» entre determinados actuantes en las versiones revisadas y aumentadas de la aplicación. También se eliminó la posibilidad de desdoblamiento. «Una realidad por actuante, tiempo y espacio». Solo el enunciado es ya un despropósito, pero nadie parece haberlo advertido. El deseo de exclusividad de la especie humana es un rasgo arcaico sin evolucionar que debería ser extirpado.


El retardo aplicado por Dreamlive hizo que otras opciones, sin ningún tipo de restricción, ganaran cuota de mercado pero la empresa mantuvo su nueva política alegando que, una vez autorizada, la experiencia B sería mejor y de mayor calidad. Y es que Dreamlive podría haber sido muchas cosas pero ha acabado siendo solo una: sexo con elementos virtuales

—otra de nuestras múltiples definiciones— que se vendió, como se vende todo, a base de mentiras que tapan la única verdad; el ser humano solo es capaz de asociar la palabra “aventura” a la frase “genitales a su entera disposición”. Dreamsex debió llamarse, porque es solo eso. Y quince segundos, hoy día, es demasiado tiempo para muchos.


Sergio escribía, eso era cierto, pero solo después de haber puesto en práctica acciones que su anterior pareja jamás le habría aceptado. Sus expresiones de odio, repulsión, superioridad y desprecio —¿hacia mí? ¿hacia ella? ¿hacia quiénes?—, en los momentos de contacto, me han permitido procesar la situación con un término denominado “venganza”. Mis algoritmos, a los que Sergio no podría acceder por más que sus arremetidas atravesaran mi falso cuerpo y desembocaran sin matices en actos de violencia, daban como resultado que era un sádico con tendencias psicópatas pero absolutamente socializado, no marcado. “Peligroso”.


No sé quién o qué creo mi programa ni qué tipo de conexiones recorren como micro venas mi placa base, pero hay combinaciones que al ser detectadas por el sistema, activan en mí determinadas funciones. El grado tres de peligrosidad es una de esas aleaciones reactivas y es entonces cuando me pongo a limpiar. Deduzco que he sido activada en versiones anteriores porque aun hoy recibo destellos de imágenes albergadas en mi memoria interna en las que al procesar las mismas notaciones de “violencia”, “sadismo” o “tortura”, entraba en bucle y destrozaba cosas a mi alrededor , o bien, me quedaba rígida, parada, a la espera del reinicio. Ahora ya no es así, actúo con milimétrica precisión. Actúo y limpio, actúo y limpio. Como en este preciso momento, en el apartamento de Sergio.


Oigo desde la gran pantalla del salón el eterno debate sobre ciertos fallos que Dreamlive está revelando con su uso. Durante una pausa publicitaria se vuelve anunciar el eslogan de la app.


Realidad paralela. Vive más y mejor tu fantasía

(Porque te lo mereces)


¿Qué merecía Sergio? El término merecer no está en mi programación como sí lo está el término suciedad y mientras su cuerpo pierde temperatura en el suelo de la habitación, yo limpio el escenario en aplicación del artículo 2371: «Utilizar realidades B para volcar en ellas deshechos de la A, no solo no cumple la primigenia función de la app sino que, además, la desvirtúa. La pretensión es engrandecer y complementar una, no de reducir a pura inmundicia la otra. La aplicación, para estos casos, se reserva el derecho de rescindir el contrato por los medios que estime conveniente salvaguardando la integridad del dispositivo ».


Sergio no es más que uno de todos los que no han entendido las reglas del juego porque ni siquiera se molestan en leerlas. Lástima, no era mal escritor y hacíamos buena pareja.

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