• La espuma de los jueves / escritura creativa

EL BUEN SOLDADO


Cuenta Ford Madox Ford (menudo nombre maravilloso y retocado para ser escritor), que el título original de esta era "La historia más triste" pero su agente, cuando decidió publicarla durante la primera Guerra Mundial, le hizo ver que quizá no iba a ser ese un buen reclamo para nadie que se propusiera en aquellos días comprar un libro. Confiesa Madox Ford que, pese a todo, nunca le gustó "El buen soldado" pero que las prisas le llevaron a tomar la decisión (durante la lectura se entiende el porqué) y nunca más hubo oportunidad de cambiarlo.


Sea como fuere, "El buen soldado" es un libro asombroso. Redondo de principio a fin. Un fin que deseas y temes porque cuesta trabajo cerrarlo. La historia es contada por un narrador que no oculta su condición de tal y que le habla de frente al lector, lo hace partícipe de sus pensamientos y de su necesidad de contar, de poner orden , de entender, como puede y como va recordando, el relato de su vida.


Dos matrimonios, uno inglés y otro norteamericano, coinciden en un balneario alemán al que acuden cada verano por distintos problemas de salud y tedio. "Gente bien", como no se cansa de puntualizar el narrador, que, sin embargo, como todo tipo de gente corriente, esconde, tapa, disimula, siente, desea, oculta y sufre igual que el resto de mortales. Exactamente igual ¿O no?


Lo que parece un relato de "gente bien" que no va a desvelarnos nada o muy poco, crece gracias a la trama que emplea ese magnífico narrador que es John Dowell. Él, su compasión, su perplejidad, su sencillez, su rabia, su fabuloso sentido del humor, él, repito, se dejará llevar por los sentimientos pero también se esfuerza por ser justo y mira los hechos desde el punto de vista de todos y cada uno de los implicados en este cuadrado perfecto, que, ya adivinará el lector, no lo es tanto. Ni mucho menos.

"El buen soldado" es una delicia. Una máquina de engranaje perfecto. Qué más da que quien nos la cuenta salte de una cosa a otra. De un año a diez años atrás, de un asunto a cualquier otra idea que le cruce la cabeza sin relación aparente. Si casi, casi lo agradecemos cada vez que lo hace. Porque lo escuchas. Te lo crees. Te encierras con él en una vieja casa de campo junto a la chimenea. Así es como él te pide que lo imagines y así es como tú, claro está, te lo imaginas. Porque eso de que te cuenten bien y de manera original una historia es, con mucho, lo mejor de leer.


Como he dicho en esta entrada, terminé el libro con gran pesar. Como he dicho en entradas anteriores, cuando esto ocurre releo, repaso, busco fragmentos que me hagan volver a las entrañas de los cuentos. Y vuelvo con John, frente a ese fuego crepitante que absorbe, como mi memoria, los fragmentos de cuatro vidas que, a ratos, es la vida propia.

Lo dijo un colega de Ford, el escritor Scott Fitzgerald: Esta es la parte más hermosa de toda la literatura: descubrir que tus deseos son deseos universales, que no estás solo o aislado. Tú perteneces.


"Vivimos en un mundo extraño y fantástico. ¿Por qué la gente no consigue lo que quiere? Existía todo lo necesario para satisfacer a todo el mundo; sin embargo todos tienen lo que no quieren. Quizá usted consiga entenderlo, pero para mí no tiene ni pies ni cabeza".

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