• La espuma de los jueves / escritura creativa

La dama del perrito

Actualizado: abr 4


Olvidemos todo lo que de este cuento se ha dicho. Olvidemos, sobre todo, la sentencia que lo describe como el mejor cuento que se haya escrito jamás. Bajémoslo del pedestal en el que otros, que no somos nosotros, lo han colocado sin nuestra opinión y comencemos, es lo que yo recomiendo, leyendo (o volviendo a leer) con tranquilidad, curiosidad y goce «La dama del perrito» de Antón Chèjov.


¿Ahora qué? ¿Cuál es la sensación que prevalece tras la lectura? ¿Algo? ¿Poca cosa? ¿Nada?


Como sé que habéis atendido mi consejo, me siento libre de contar el argumento de la historia. Si no es así, por favor, volved al primer párrafo y no llegad al tercero hasta haber disfrutado del cuento como se merece. He avisado.


Un hombre casado conoce a una mujer casada durante unas vacaciones, tienen un corto idilio y se despiden. Él parte hacia Moscú y ella a San Petersburgo así que todo parece acabarse ahí. Sin embargo, y esto no es que añada nada nuevo a la historia de las infidelidades, él piensa mucho en ella y quiere verla. Para ello miente en su casa y emprende un viaje para encontrar a la amante. A partir de ese momento serán oficiosamente eso, amantes y tendrán encuentros programados, furtivos y secretos a lo largo de un tiempo, ya he dicho que es el punteo exhaustivo de un affaire común. El relato, para no romper su tónica, concluye cuando el hombre y la mujer, agobiados por la situación, el sufrimiento que provoca no poder vivir juntos y un futuro impredecible que ninguno se decide a abordar, hablan sobre qué va a ocurrir con ellos de ahí en adelante. Y fin.


Lo cierto es que si obviamos lo bien escrito que está, cómo se suceden los hechos, se desgranan los personajes y sus pensamientos, actos y diálogos, y que, aunque leve, advertimos cierta tensión que no acaba de subir pero que tampoco decae, el resultado que notamos al acabar puede ser el de: ¿Qué ha pasado aquí? ¿Algo? ¿Poca cosa? ¿Nada?


Nabokov dijo «todas las reglas tradicionales de la narrativa han sido quebrantadas en esta maravillosa historia de veintitantas páginas. No hay un problema, no hay un verdadero clímax, no hay un punto al final. Y es una de las más grandes historias que se han escrito jamás


¿Cómo lo hizo?


Si empezamos por su final podemos verlo como raro, inconcluso. Hace que nos preguntemos: ¿Hemos acompañado a estos dos a lo largo de todo ese lío extramatrimonial para que la cosa termine así? ¿Preguntándose qué va a pasar mañana y se acabó? Pues vaya.

Pero es que tendemos a releer (y a repensar) todas las historias a partir de su final y puede que por eso los finales tengan un peso tan definitivo y erróneo. Empecemos barajando que no todos los finales son lo mejor de un cuento y que, por lo tanto, lo mejor puede residir en otras partes del mismo. Rebobinemos, a partir de este final desconcertante que nos ofrece el autor, toda La dama del perrito y pensemos, analicemos con calma, dónde está ese algo que no vemos y lo hace tan especial. Si está considerado de los mejores cuentos de la literatura queremos, yo al menos quiero, saber por qué.


El relato de Chejov, y esto lo aprendí en toda su extensión y magnitud de Richard Ford porque no es fácil ver lo que tenemos ante los ojos— y benditas sean las tutorías que nos brindan otros escritores a través de los libros—, fija nuestra atención no en la pasión y el sexo (que sería lo esperable) sino en todo lo prosaico de la pasión y el sexo; el dilema moral que un acto así supone, la breve satisfacción y placer que se obtiene de estos encuentros, el aburrimiento de la vida en pareja, el cuestionamiento de todo lo que hacemos carente de importancia ni sentido, las repetitivas e insulsas relaciones sociales que nos empeñamos en mantener. Es en todo esto en lo que "La dama del perrito" se para, se detiene y nos lo muestra de manera magistral con toda clase de detalles y descripciones. Queremos pasión pero no vemos que la pasión, toda pasión, se asienta en lo desapasionado y es lo que nos enseña este cuento.


No en vano, Chèjov fue el último en añadir adúlteros literarios al podio de Madame Bovary y Anna Karenina pero él, el maestro, no podía repetir lo que ya hicieron Flaubert y Tolstoi con esa pasión que todo lo arrasa, que impide ver, pensar o comer, que nos ofrece el morbo de la prohibición, los remordimientos, los engaños y desengaños entre los amantes hasta llegar a la muerte… Todo esto ya estaba escrito (y de qué manera por quienes le precedieron) así que Chèjov va y nos muestra lo que no había mostrado nadie antes; el reverso de todo adulterio, los pensamientos serenos sin el desenfreno que provoca el calentón, las pequeñas elecciones morales que estamos obligados a hacer cada día, la vivencia de lo clandestino desde la consciencia adulta, sin aspavientos ni grandes dramas. Porque no hay drama en esta historia de amor, ni siquiera en «la otra parte», la de la mujer oficial y «engañada». No más drama, entendámoslo, que en cualquier elección que nos plantea la vida.


Esto es lo que ha pasado, nos conocimos, nos acostamos, nos queremos y estamos en una encrucijada tan común y predecible que no hace falta que nadie muera aplastado en las vías de un tren. Esa es la grandeza de "La dama del perrito", la grandeza de toda la obra de su autor. La vida sin héroes ni heroínas, las contradicciones más humanas, el tedio fundido con la aventura en un aparente no pasar nada cuando los hechos se suceden dentro de un tiempo lento pero feroz, implacable e inasible.


Chejov no nos propone pruebas a vida o muerte. Ya vivimos, aunque no nos demos cuenta, y moriremos, aunque no lo queramos. De lo que sucede en medio habla "La dama del perrito", dando luz a las partes que otros dejan a oscuras.


Un cuento donde no hay cuento. Hay vida. Eso es Chèjov. Todo lo dicho y sumo (ya desde el conocimento) mi pequeñísima opinión; uno de los mejores cuentos jamás escritos.

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