• La espuma de los jueves / escritura creativa

Londres


Londres comenzó con una canción de Daft Punk, «Get lucky», por el puente del Alamillo camino a la estación. Y antes, con una de Andrés Suárez, «Números cardinales», durante la primera noche de feria en el pueblo, cuando nadie conocía mi destino secreto y yo sentía mezclados la impaciencia y el placer.

Londres empezó de noche, con un madrugón de esos que descolocan y te hacen correr por la autopista en las horas más indefinidas del amanecer. Los nervios, sólidos como un puño, golpeando en el estómago hasta llegar al aeropuerto con mi pasaporte a estrenar, igual que la vida contigo. El café con leche en asiento de ventanilla y tú a mi lado volando a mi ciudad soñada. Al fin y al cabo, Londres eras tú.

Londres son los tejados que despuntan nada más comenzar a descender mientras las nubes, únicas nubes que recuerdo, se evaporaban a nuestro paso. Y es pensar que igual hace más frío del que había previsto, como siempre pasa cuando vives en el sur. Londres es bajar del avión por las escalerillas hasta la pista, porque no hay finger, para pisar suelo inglés… Como si siempre hubiera estado ahí. Yo sabía que aquel Londres lo habías construido tú.

Londres son los turbantes de los trabajadores indios de Heathrow, las máquinas de cambio de divisas, los niños y niñas hablando en inglés, el tren de alta velocidad, aquella estación bajo tierra, la subida a la primera calle de Londres que vi. Las chicas que repartían propaganda de un centro de belleza, los taxis negros, grandes, irreales, como los autobuses rojos de dos plantas. Las puertas pintadas de mil colores, las ventanas con visillos sin persianas, los ingleses y las inglesas.

Londres es la calle más larga del mundo llamada, entre risas, «marihuesitos» que decidimos caminar entera porque yo quería respirar. Y es un hotel blanco y señorial al doblar una esquina, con una habitación con vistas, la cama deshecha al llegar y el cuarto de baño más pequeño del planeta. Londres son los jardines que rodean casas fantásticas y palabras tan maravillosas como terrace, road, park, garden o square. Y es una circulación hecha para que me atropellara un coche si me llego a soltar de tu mano.

Londres también es Jack "el destripador" y la Revolución Industrial con sus sótanos sin luz bajo las aceras, sucios y pequeños, siempre llenos de cachivaches y alguna bicicleta. Londres es Oliver Twist, la reina Isabel y, sobre todo, la reina Victoria. Es Halley Street, son los museos y la Abadía. Son las hermanas Brontë y Jane, la Eyre y la Austen. Londres es Virginia Woolf ¡Por supuesto! Y es Bloomsbury y la reja negra del Museo Británico cerrado aquel día. Es Orwell y es Portobello Road. Es Notting Hill, siempre será Notting Hill y sus puestos de fruta fresca, de bisutería de segunda mano, de pendientes plateados (que son ahora mi posesión más valiosa), de uniformes militares y de mucho plum cake con tarta de zanahoria y muffins con coffee en vasos de cartón.

Londres es la City, es Canary Wharf, era el edificio de la EMA y es el Támesis con su Parlamento en la orilla, el Big Ben y el Puente de Londres caminando detrás de ti. Mirándote. Londres es la Torre de Ana Bolena y es un oso polar. Es esa combinación absurda de pescado y patatas fritas. Son los cuervos de alas cortadas, negros y grandes que acabarán con el imperio algún día. Es la gloria y el cadalso. Es San Pablo y sus escaleras, las mismas que subió Lady Di y yo, comiéndome un bocadillo. Es el metro en un tubo, cansados, viajando con mi cabeza en tu hombro, sintiéndome segura y confiada pese a la desorientación.

Londres eres tú y soy yo. Es nosotros. Un regalo soleado lleno de comidas en parques y plazas, repleto de conversaciones, risas y confidencias. Londres se llenó de todo como se llena la vida. Gente, libros, soldados de Buckingham, cañones, patos, beefeaters y plantas. De tus besos, tu piel, tu ternura. De amor.

Eso es Londres. Eso y el tiempo detenido, con el aire frío y cálido, en instantes inamovibles en los que siempre estarás ahí, mirándome mientras sonríes y yo siendo feliz, feliz, feliz.

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