• La espuma de los jueves / escritura creativa

MIENTRAS AGONIZO

Actualizado: feb 11


Si hay algo curioso que a veces me comentan en los talleres de escritura que imparto, es el deseo, más o menos meditado, de lograr escribir «algo» de una manera que nunca antes se haya escrito, algo novedoso e innovador. Para mí la deseada innovación sería un término más adecuado a PyMES y emprendedores o la palabra fetiche de un CEO, pero, ahora en serio, para quienes escribimos o queremos escribir, la innovación no se llama así, se llama estilo. Y no surge de la nada.

Creo que abordamos la cuestión de lo novedoso desde una perspectiva compleja, difícil y quizá, (es mi impresión) equivocada e incluso, ya que estamos, pelín ingenua. En «Correo literario» (anda por aquí una reseña del libro que os recomiendo), la poeta Wislawa Szymborska responde a la consulta de un jovencísimo aspirante a escritor con claros anhelos de innovación que lo primero de todo es leer tanto como se pueda y apostilla: «Por si escribe usted algo bueno y luego se encuentra con que ya lo ha escrito alguien antes que usted». En otra de sus punzantes aunque indiscutibles respuestas (no me canso de leer este libro), le adelanta a otro principiante que le queda mucho mundo por recorrer aún. «Pronto se dará cuenta de que no solo doña Agatha escribe historias que hielan la sangre en las venas, sino también el señor Homero, el señor Shakespeare, el señor Dostoievski y algunos señores más». Desde luego, yo cuanto más leo, más cuenta me doy de que todo se ha escrito antes y de paso menos sé. ¿Qué hacer una vez llegas a una conclusión tan fagocitante? Pues algo que sirve de mucho a los escritores; cambiar el punto de vista, así que dejo de apuntar al cielo fantaseando con la idea aún lejana de volar, y hundo un poquito la barbilla en el pecho para explorar un terreno recóndito y tan desconocido para el gran público que nunca antes se ha visto nada igual. O sea, yo. O sea tú. Según.

Y ojo, esto es importante, no estoy hablando de ponernos a escribir nuestra biografía como si no hubiera un mañana, hablo de buscar tu voz, lo que te interesa contar para ensayar con las herramientas narrativas desde nuestro uso del lenguaje, sin impostar, de nuestra manera de construir las frases o de describir las cosas que vemos a nuestro alrededor y nos inquietan. Sin caer en clichés o lugares comunes que, oh paradoja, son de lo menos novedoso que hay. En resumen; indaga en tu voz, practica tu estilo con ella y así comprobarás, con suerte y mucho trabajo, que ese es el ADN a extraer para inyectar en tus historias, la dosis de talento que podamos conseguir desviar al papel. Aunque bueno, aquí llega otra vez la malvada Szymborska a recordarnos que si bien el estilo es práctica, el talento es genética.

Por qué nos preocupará tanto lo ya han hecho otros, el tesoro de la Literatura está a nuestra disposición para disfrutar creciendo en el oficio, los libros que leemos son tablas para nuestra construcción y, si es nuestro deseo profundo tratar de innovar, aporta esa manera que tú tienes de relatar historias que no tanto es el qué sino el cómo. Por cierto, que se me va de la cabeza y yo venía a eso, «Mientras agonizo»" de William Faulker, es un estupendo libro escrito con la técnica del monólogo interior a través de la voz de varios personajes, un montón, alrededor de un mismo hecho, la muerte de la madre y su posterior traslado a la tierra en la que ella pidió ser enterrada como última voluntad. El resto, y tiene muchísimo resto (no voy a soltar palabra pero es de traca), hay que leerlo que 90 añitos tiene esta asombrosa historia y te va a parecer lo más moderno y novedoso del mundo. Y no hay que intentar ser Faulker, ya hubo uno y qué bien que lo hubiera. Hay, en todo caso, que leer a Faulker y aprender todo lo que se pueda para, si es posible y extraemos el talento, abordar nuestra escritura conociéndolo a él (y digo Faulker como digo Woolf, Saramago, Chejov, Atwood, Mann, Munro, Dickens...) pero sobre todo, a nosotros.

Algo así debe pensar Salman Rushdie cuando dice que envidia a los escritores como Faulkner con hondas raices. Dan por supuesta su parcela y la explotan de por vida. «El emigrante no tiene suelo donde pisar hasta que lo inventa». Inventar ese suelo puede llevarnos la vida y, sin embargo, no hay alternativa si deseas escribir algo de manera que no se haya escrito antes.

Para terminar, ¿si digo que Faulkenr escribió esta novela en cuatro meses añado demasiada presión al asunto? Lo que no me resisto a dejar de decir es que mucho cuidado con plagiar a Faulker en el taller, hombres y mujeres de Dios, que en este pueblo lo idolatramos.

Escribamos pues, que no es poco.

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