• La espuma de los jueves / escritura creativa

PERSONAJES DESESPERADOS


Esto es un juego para inventar historias:

Piensa en aquello que vas a hacer casi con total seguridad en cuanto termines de leer esta reseña. Después, piensa en algo que podrías hacer al acabar pero que es menos probable que hagas ¿Lo tienes? Vale, ahora, échale imaginación, piensa en algo que es casi imposible que vayas a hacer en cuando acabes esta visita al blog.

Tienes ante ti tres líneas argumentales perfectamente válidas para empezar a contar algo, ahora bien ¿Cuál de esas posibilidades te parece más interesante?

Espero que hayas pensado en la tercera opción porque las cosas menos probables, cuando ocurren, dan mejores relatos.


Cuando Sophie Bentwood, una mujer de cuarenta años que vive en Brooklyn junto a Otto, su marido, abre la puerta de su pequeño jardín trasero para dar de comer a un gato callejero que ronda desde hace días sus ventanas, seguramente pensó que el animal se acercaría a comer desconfiado y se largaría, o bien que se le frotaría contra las piernas agradecido. Lo que no pensó Sophie ni por un instante fue que el animal la mordería y, en ese giro inesperado de todos los escenarios posibles, comienza la historia .


Y no es que la mordedura de un gato cambie por sí sola el transcurso de una vida, es que el gato muerde a Sophie en un momento delicado que ella se niega aceptar. Ha dejado el trabajo (es traductora editorial) porque no le gustan los libros que le ofrecen y no ha tenido hijos, aunque alguna vez en el pasado pensó en la adopción. Su perfecto marido no parece entenderla del todo, hay grietas en el, antaño, perfecto canal comunicativo y su pasado, en el que no pensaba desde hace meses, reaparece abultado como la hinchazón que tiene en la mano. Su vida de clase media parece hacer aguas y amenaza con ahogar su aparente mundo lleno de sentido. ¿Y si ha contraído la rabia?


El prólogo de este libro corre a cargo de un escritor de éxito como es Jonathan Franzen. Decir que esta novela acaba de traducirse al español pero ya tiene la friolera de cincuenta años publicada y que Paula Fox, su autora, murió hace un par de años. Decía que Franzen confiesa haber leído Personajes desesperados una docena de veces y siempre encuentra algo nuevo, diferente, detalles que pasó por alto en lecturas anteriores y, sin embargo, no acaba de entenderla en su totalidad.


No voy a discutir con Jonathan, ya me gustaría, pero tengo que decir que yo sí he llegado a comprender a Sophie, que también entiendo a Otto. Me parece perfecto el final de esta historia porque la vida (este libro va de la vida), no tiene un final como tal pero sus personajes, que realmente están muy muy desesperados, asumen su situación como asumimos las cosas los adultos; palabras sin pronunciar, hechos sin consumar, afilando sutilezas y a seguir adelante. Como se pueda.


Nada como un giro que nos saque de la línea trazada para empezar a tener historias, buenas historias, que poder contar. A veces, un mordisco es suficiente.

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