• La espuma de los jueves / escritura creativa

Ritos funerarios

Actualizado: 13 dic 2021


Islandia, 1828. Natan Ketilsson y Pétur Jónsson son hallados muertos entre las cenizas de una granja en Illugastadir. Un vecino llamado, Fridrik Sigurosson y las dos sirvientas de la granja siniestrada; Sigrídur Gudmundsdóttir y Agnes Magnúsdóttir son acusados de los asesinatos y posterior incendio de la casa. Ritos funerarios cuenta esta historia, ficcionada en algunas partes y real en otras, sobre Agnes, la última persona ejecutada en la isla.


La novela te transporta con una maestría y precisión asfixiantes a la Islandia de la primera mitad del siglo XIX. Una tierra inhóspita, dura, fría y oscura en la que hombres y mujeres se esfuerzan durante los meses de primavera y verano por sacar de la tierra el alimento y que en los interminables meses de invierno, cuya noche parece no tener fin, se recluyen en la badstofa (sala principal de la casa que hace también las veces de dormitorio) cardando lana, tejiéndola o, por evitar morir de frío, arropados entre mantas y pieles mientras afuera el viento y las tormentas azotan las humildes casas de barro y madera cuyas ventanas sin cristales (lujo reservado a unos pocos), se cubren con pellejos de animal tensados que apenas sí dejan pasar la escasa luz que los cortos días regalan.


Ante la inexistencia de prisiones en el país, los acusados son separados y recluidos por imposición del Comisionado de la Comarca, en distintas casas en las que deben convivir con las familias que en ellas habitan hasta la ejecución de la sentencia a muerte.

Agnes se ve obligada, al igual que la familia que la retiene por imperativo legal, a trabajar en Kornsá, la granja de un matrimonio con dos hijas adolescentes. También, y puesto que está a la espera de ejecución, un sacerdote se encargará de visitarla para ofrecerle apoyo espiritual e "instarla al arrepentimiento" mientras llega el momento de su muerte.


El libro (del que no desvelo más de lo que puede leerse en la contraportada y primer capítulo) se teje con las cartas cruzadas entre las distintas personalidades de la época y los documentos —reales en la mayoría de los casos— que el proceso dejó para los archivos históricos del suceso.


Se cuenta a través de una voz externa y equisciente que sigue al reverendo segundo Porvardur Jónsson, encargado de visitar a la rea; sigue a Margrét, la madre de la familia en cuya granja se ven forzados a acogerla, y la voz, en primera persona, de la propia Agnes quien irá contando, y contándose a sí misma, toda su vida ante el umbral de su inminente fin. Resulta pues muy interesante la manera en que la escritora aleja y acerca al narrador según las escenas y los sentimientos que desea mostrarnos.


Cada uno de los personajes que aparece confesará sus miedos, sus prejuicios y dudas ante la custodia de Agnes. Y Agnes, sola ante el sinsentido de su terrible existencia, contará los hechos por los que la juzgan a través de una infinidad de saltos hacia atrás en el tiempo mientras el suyo, su propio tiempo, se agota.


La historia escrita por Hanna Kent, tiene algunas similitudes con otra famosa novela de Margaret Atwood titulada "Alias Grace". Ambos libros relatan la historia real de dos criadas condenadas por el asesinato de sus patrones en siglos pasados y que durante su presidio reciben la visita periódica de dos hombres; un sacerdote en el caso de Agnes y un médico en el caso de Grace. Sin embargo, aunque son dos historias contadas de manera parecida en su estructura (documentos, poemas, diversas voces) también resultan profundamente diferentes en su forma.


Kent convierte a Agnes y a Islandia casi en una sola cosa. La dureza, la fragilidad, el viento, el frío, el océano, los fiordos, el silencio y las tormentas de nieve van conformando, modelando a los personajes de Ritos funerarios, de tal manera que solo en este lugar alejado del mundo podría narrarse algo así. Un libro bello que cuenta unos hechos complicados y caleidoscópicos con el que la escritora hace, en sus propias palabras, dos actos de justicia a través de la literatura. El primero con la propia Agnes Magnúsdóttir, de la que solo encontró testimonios en los que se la definía como "una bruja inhumana, instigadora de asesinatos". Con estqa novela —explica Hanna— ofrece un retrato más ambiguo de esta mujer. El segundo acto de justicia se da con la tierra, el escenario en el que ocurren los hechos; al componer una "oscura carta de amor a Islandia".


Ritos funerarios, Alias Grace o Del color de la leche (libro este último de la escritora Nell Leyshon), son historias de mujeres enfrentadas a la justicia de los hombres en un mundo de hombres, para el que no son más que simples criadas a las que ignorar porque no valen más que la ropa que llevan puesta. Al menos estas historias las sitúan en el centro, las hacen protagonistas y les dan voz para que, por una vez, tengan la palabra. Merece la pena escucharlas.

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