• La espuma de los jueves / escritura creativa

Yo, mentira

Actualizado: 11 dic 2021


Pregunto a varios hombres que ya han leído "Yo, mentira" de Silvia Hidalgo sobre la opinión que tienen de esta historia. Hace semanas tuve la suerte de acudir a una originalísima presentación del libro de Silvia donde al acabar había cena y como ella eligió para sentarse a comer la mesa en la que yo estaba, pude conocerla un poquito mejor y de una manera diferente, más cercana. Aunque cercana ella es, desde luego, un rato. Que no siempre tiene una la suerte de conocer a una escritora compartiendo el vino (agua en mi caso) con unas raciones de acedías y salmonetes.


La cosa es que pregunto a estos amigos que ya la leyeron para que me cuenten su experiencia. Había visto en todas las librerías su portada fluorescente en fucsia, mirado su contraportada por ver de qué iba, bicheado el Instagram de la autora, muy divertido, pero no me decidía. Por esa indecisión que solo aplaza el tiempo, no las ganas, y que ya sabía yo, porque lo sabía (la invitación a la cena-presentación acabó de convencerme), que tarde o temprano lo iba a comprar y tendría que descender a la mentira de su protagonista.


La cosa es que los hombres a los que pregunto me dicen que es una novela muy bien escrita (esto también lo dijeron en la cena literaria y ya lo suponía o no estaría en boca de tanta gente). Destacan su estilo depurado, conciso, exacto. Punzante. ¿Dijeron ellos "punzante"? No. Estoy segura de que ninguno de mis encuestados utilizó el adjetivo. Les gustó, eso lo sé pero, sospecho, no de la misma forma en que me ha gustado a mí y me ha pinchado dentro.


Porque durante la cena (famosa cena, a estas alturas de reseña) fueron las mujeres las que más hablaron, las que más preguntaron, las que más cosas querían saber ¿O ya lo sabrían en realidad y solo buscaron una confirmación de su inventora? ¿Por qué la protagonista del libro piensa como piensa, hace lo que hace o dice lo que dice? Los hombres de la sala casi no participaron a pesar de que una de las anfitrionas, sentada a mi lado, les conminó a que hablaran, preguntaran y entraran al debate. Ante el silencio masculino, las voces femeninas se alzaban de nuevo mientras más de uno (fue mi impresión), respiraba aliviado.


El matrimonio con un buen hombre, la maternidad de un niño precioso, un puesto de trabajo bien remunerado, compañeros y compañeras, redes sociales como hobbie, coche con GPS, casa con falso techo, vecinas que te preparan cafés. Una clase media acomodada, en resumen. Deseable cuando no se tiene pero ¿y cuándo se consigue? Qué ocurre cuando esta mujer que lo ha alcanzado “todo” necesita algo más a lo que aspirar ¿Es lícito y legítimo? ¿Cuál es y dónde está la meta? ¿Quién nos las marca?


Por ahí, por tanto porqué, se cuela los vacío, el estrés, el miedo, el deseo, el riesgo, el hasta dónde, el hasta cuándo, el ¿para qué?, el ¿para siempre?, el cansancio, la desconexión de una misma, la necesidad acuciante de volver a conectar, las canas, las arrugas, la barriga que se descuelga, el pelo, las ojeras, las uñas mal pintadas, los pliegos de goma EVA, las galletitas caseras, los cumpleaños infantile, el sofá, las series de pago, el duelo, las demás, las otras mujeres, los otros hombres, los accidentes, el daño.


¿Conocen mis amigos hombres tan de cerca todas estas dudas? ¿Las conocen los hombres que cenaron junto a Silvia aquella noche? ¿Saben por qué puede parecer que te vuelves loca cuando es justo lo contrarío lo que tratas de evitar? ¿Que romperte es una forma, a veces la única, de que puedas volver a armarte de otra manera? No lo sé, la verdad. Quién lo sabe.


"Yo, mentira" no solo está bien escrito (anda que voy yo a descubrir ahora algo), es también que lo que cuenta está oculto en sus frases sencillas y pulidas hasta el brillo. Y ojo, porque en ese brillo podemos vernos reflejadas.


A Silvia le gusta la escritora Jennie Offill, lo dijo en aquella charla. A mí también, y me gusta mucho Grace Paley (no se lo dije, pero lo hago ahora). Pues Paley tiene un relato titulado "Fe en un árbol" que comienza así: Precisamente cuando más necesitaba conversación importante, una bocanada del ancho mundo masculino, es decir, al menos un compañero inteligente que pudiera traducir mi lenguaje amistoso a su lengua de inmortal amor carnal, me vi reducida a haraganear por nuestro parque del barrio, rodeada de niños.


Este sentimiento de la protagonista de Grace me recuerda tanto a la protagonista sin nombre de Hidalgo, que cuando lo reconozco enseguida establezco conexiones.

Yo también he sido mentira. He deseado lo que en un momento no tenía. Mentira en mis rutinas, en mis roles, en mis certezas y en mi cuerpo. Quizá por eso anduve, andamos, buscando la verdad de cada cosa, una verdad que nos salve de lo común, de la nada, algo de nosotras que sea verdadero, puro, que merezca la pena salvarse pese a todo. Y entonces nos rompemos, nos rasgamos por dentro, por fuera, dinamitamos la línea de flotación para retirarnos a mirar y ver qué pasa.

75 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Matilda